Criptomonedas: por qué desde algunos sectores buscan generar miedo

El crecimiento de Bitcoin, sin la legitimidad de bancos o Estados, encendió las alarmas de las finanzas tradicionales y la pregunta circula por todos los ámbitos: qué hacemos ahora con las criptomonedas.

Por Matias Huala*

El mundo no espera. Con apenas unos días de diferencia, la ONU se reunió para debatir sus lineamientos globales para enfrentar al cambio climático, uno de los grandes desafíos de la humanidad contemporánea, y Mark Zuckerberg anunció la transformación de Facebook: de las redes sociales 2D a Meta, la nueva compañía que pondrá foco en el “metaverso”, la realidad virtual y aumentada.

Estos eventos auguran cambios profundos en la forma en que producimos energía, en cómo nos transportamos, cómo nos comunicamos, cómo nos entretenemos, cómo trabajamos. Y todo esto ocurre durante -lo que esperamos sea- la etapa final de la pandemia, que trastocó nuestra vida cotidiana para siempre. No somos los mismos después de la experiencia del contagio, el aislamiento y la digitalización de casi todas las regiones de nuestra vida.

Hace décadas que venimos hablando de adaptación, incertidumbre, flexibilidad, resiliencia, de la era donde la única constante es el cambio. Pero no esperábamos que ocurriera todo tan de golpe. Por supuesto, el dinero no podía quedar fuera de esta marea de transformación.

Criptomonedas y descentralización

Las criptomonedas, que nacieron con Bitcoin sobre el final de la última gran crisis global (2008), no solo superaron la crisis del Covid-19, sino que fueron protagonistas de la resistencia. Y su popularidad es innegable. Millones de personas en todo el mundo ya las incorporaron a sus finanzas personales y en Argentina se convirtieron en un inesperado refugio de valor frente a la crónica depreciación de nuestra moneda.

Por otro lado, una de las palabras más importantes de nuestra época es la “descentralización”. Una forma de ver el mundo donde la fortaleza no está en el núcleo sino en la red. Es el paradigma que instaló Internet y que más tarde o más temprano iba a llegar al dinero. Blockchain y Bitcoin, pese a su temprana edad, mostraron que es posible construir una red descentralizada de valor, cuya legitimidad no esté dada por un gran polo de poder (Estados o bancos) sino por la participación de muchos nodos y la eficacia de la tecnología.

Frente a esto, en diversos foros, la pregunta que se impone es: ¿Qué hacemos con las criptomonedas? Lamentablemente, todavía subsiste una suerte de subestimación. Algunos funcionarios y otros actores fundamentales de la economía insisten en reducirlas a una especie de juego, una excentricidad que no incide en la vida real, un simple instrumento de especulación, y en el peor de los casos, un riesgo de estafa. Es ahí donde surgen decisiones como las que hemos visto últimamente, que tienden a encorsetar un sector con enorme potencial de desarrollo, aplicando gravámenes que, lejos de resolver algún problema, suman otro: el de incentivar a que las compras de criptoactivos se realicen por fuera de los sistemas formales.

Las cripto y el bien común

 

A pesar de algunas voces en contrario, las criptomonedas llegaron para quedarse y la tarea de gobiernos, empresas e individuos es utilizarlas para el bien común. Para mejorar y democratizar el acceso a servicios financieros y para fortalecer la autonomía económica de las personas. Y más allá también: las aplicaciones de Blockchain se extienden hacia las cadenas de logística, la trazabilidad de los alimentos, los famosos “smartcontracts” para cualquier tipo de contrato, la ciberseguridad e incluso sistemas de sufragio.

Según la Cámara Argentina de Fintech, durante 2020 se duplicó el número de compañías dedicadas a Blockchain & Criptoactivos en nuestro país. Argentina es uno de los países de mayor adopción y fervor por las cripto, y no deberíamos desaprovechar tanta energía y tanto talento. En el último año, dos startups argentinas (Lemon y Belo) lanzaron su solución para integrar las criptomonedas a los pagos cotidianos; los exchanges demostraron su capacidad para ampliar su oferta y brindar soluciones a todo tipo de clientes.

MercadoLibre, en tanto, ya permite pagar con Bitcoin una propiedad inmueble, y todos los días aparecen novedades sobre las posibilidades de este mundo inagotable.

El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en aceptar bitcoin como moneda de curso legal. Y, aunque a muchos les parezca una locura, México ya hizo algunos avances en ese sentido. Igual que Uruguay y Paraguay dentro de nuestra región.

El ecosistema cripto crece y lo peor que podemos hacer es tenerle miedo. El futuro llegó y es tiempo de aceptarlo. Y, por qué no, capitalizarlo a nuestro favor. LINK

* El autor es CEO de Miiii.

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